El duelo de las cosas que nunca regresan
Nadie te prepara para el final de una relación. Sabemos que las personas terminan, que las historias se acaban, pero nadie te explica cómo se atraviesa el vacío que queda después. Mientras una persona ya ha cerrado el capítulo, la otra sigue atrapada en la ilusión de que aún hay algo que salvar. Para quien decide irse, es sencillo decir: ya no hay nada. Pero para quien se queda, la relación no se desintegra de un día para otro. A veces sigue viva en los objetos, en las costumbres, en los cosas que compartieron. Y de eso no se habla. No se habla de qué pasa con los muebles, con las tazas, con los libros, con las cosas que un día compartimos juntos. Mucho menos se habla de las mascotas. No es por el simple valor material. Las cosas se pueden reponer, claro. Pero ¿qué pasa con las que guardan un valor sentimental para vos y que, para la otra persona, no significan absolutamente nada? Y aun así, deciden no devolvértelas. El orgullo, el ego, la indiferencia, les permiten retener algo que, a...


